Las bases de la meditación

«Definir qué es la meditación, es más difícil que practicarla»

Nazareth Castellanos
El arte de detenernos

A nuestra mente occidental le preocupa más acumular conocimientos, necesitamos saber el porqué de todo lo que sucede, y aunque por supuesto, esto es tremendamente interesante, de nada sirve saber mucho sobre la meditación si no meditas. A través del conocimiento acumulamos ideas, conceptos, datos, la sabiduría está en la experiencia integrada en el cuerpo. Si no hay experiencia, esta no se puede integrar y por lo tanto no podrá brotar esa sabiduría que nos permitirá vivir de una forma más plena.

Meditar no es no hacer nada, no es poner la mente en blanco sino relacionarse con la propia experiencia, intimar con nuestros estados mentales. Meditar no es solamente respirar, consiste en llevar la atención sobre uno mismo. En nuestras clases de meditación y pranayama, la idea es que la práctica sea nuestro foco principal, y que la teoría nos sirva para respaldar esta práctica, aprendiendo diferentes formas y herramientas para poder desarrollar nuestra práctica de meditación de forma autónoma.

¿Qué es la meditación?

Dentro de los ocho pasos del ashtanga yoga de Patanjali, nos vamos a detener en dos de ellos: dharana y dhyana.

  • Dharana, es la capacidad de mantener mi mente fija en algo, ya sea un objeto de meditación (mi respiración, una vela, un mantra) o una tarea que esté haciendo en mi día a día. A través de dharana ponemos en práctica el “saber volver”, cuando me doy cuenta de que no estoy en lo que estoy haciendo, voy a los recursos que tengo (mi cuerpo, mi respiración, los sentidos) y vuelvo a concentrarme. Con la práctica voy fortaleciendo la capacidad de estar presente y eso me permite vivir de forma más consciente.
  • Dhyana, es el estado donde entramos en la consciencia, es el estado de meditación. Por lo tanto, a través de la práctica de dharana la mente se fija en algo, se centra, y cuando eso sucede surge el estado de meditación que es dhyana, donde nos convertimos en el propio objeto de la observación.

Poniendo en práctica diferentes técnicas de dharana de forma constante, nos será más fácil mantenernos concentrados en algo, y tal vez, llegaremos a momentos en los que nos acercaremos al estado de dhyana, de meditación.

Meditación vs. Atención plena

A raíz de la meditación como término y práctica muy ligada tenemos el estado de atención plena o de presencia (mindfulness).

Mindfulness es aquella actitud en la que se presta atención al momento presente sin juzgarlo. Una vuelta a casa que nos invita a saber estar con nosotros mismos.

Jon Kabat-Zinn

La tradición budista promueve la práctica de la atención plena como herramienta para “Despertar de ese estado de conciencia adormecido según el cual actuamos mayoritariamente bajo automatismos, sin darnos cuenta de lo que hacemos, pensamos, sentimos o decimos”. Hay estudios científicos que demuestra que permanecemos en estados de automatismo más o menos la mitad de nuestro día. 

En mi opinión de nada sirve meditar todos los días si según abras los ojos lo primero que vas a hacer es coger el móvil para contestar whatsapps, de nada sirve meditar durante media hora todos los días si después tu forma de relacionarte con tu entorno y con los seres que te rodean no sigue la misma línea de pensamiento.

Lo más característico del estado meditativo es que cesa el pensamiento y los condicionamientos mentales quedando solo la experiencia directa. Un conocimiento intuitivo de la interconexión de todas las cosas.

Construyendo un diario de meditación

Llevar a cabo un diario de meditación nos ayuda a fijarnos unos días concretos para practicar: apuntamos qué días hemos meditado y cuánto tiempo, y escribimos de forma intuitiva (y no desde la mente) qué hemos sentido, sensaciones, puede ser una palabra, una frase o un texto.

Como en cualquier práctica, en la meditación la constancia es clave, al principio costará mantener la atención y no distraerte con tus pensamientos, sentidos, ruidos externos… pero como todo, la mente también se ejercita y tenemos la capacidad de modificar patrones y conductas que son nocivas para nosotros. 

Existen muchas formas de meditar, juntos veremos algunas de ellas en nuestras clases de pranayama y meditación, todos los miércoles a las 18.45h en Emeyoga. Pero al final, todo es mucho más sencillo. Te animo a que en tu día a día te sientes en silencio 10, 15, 20 minutos, centres la atención en tu cuerpo, en tu respiración, que lleves la mirada hacia dentro. Muchas veces es más difícil las barreras que nos pone nuestra propia mente: «no sé meditar». Entonces yo me pregunto,¿hay que tener algún tipo de conocimiento para sentarte en silencio y respirar conscientemente?.

Adriana Sánchez.

Namasté. 

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